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Mostrando las entradas etiquetadas como R. Tagore .

La música del amor.

Cuando todas las cuerdas de mi vida esten afinadas, todo contacto tuyo producirá la música del amor. R. Tagore.

Y dónde está la alegria?

Y la alegría está en todas partes; Está en la verde cubierta de hierba de la Tierra; Está en la serenidad del cielo azul ; Está en la exuberancia de la imprudente primavera; Está en la abstinencia severa del gris invierno; Está en la carne Viva que anima nuestra estructura corporal; Está en el perfecto equilibrio de la figura humana, noble y justo; Está en la Vida; Está en el ejercicio de todos los poderes; Está en la adquisición de Conocimiento; en la lucha contra los males … La alegría es allí en todas partes. R abindranath T agore.

La primera tristeza.

Hoy, la senda que serpentea en el bosque está cubierta de hierba. En medio de la soledad, alguien preguntó a mis espaldas:   - ¿No me reconoces?   - Algo recuerdo -respondí-, pero no sé exactamente tu nombre.   - Hace mucho tiempo fui tuya -me dijo- aquella primera Gran Tristeza tuya cuando tenías veinticinco años.   Una leve humedad brillaba en el borde de sus ojos, como el reflejo de la luna del lago. Asombrado me detuve y dije:   - Aquel día eras oscura, como las nubes de los monzones; hoy pareces la dorada imagen del otoño después de la estación de las lluvias. ¿Has perdido todas aquellas lágrimas?   Con lentitud me miró, me amó y me dijo:   - ¿Recuerdas que aquel día no querías consuelo alguno, sino solo tu tristeza para siempre?   - Así fue -le respondí, avergonzado-. Pero desde entonces han pasado tantos años que lo olvidé.   Tomé su mano en las mías y le dije:   - Pero tú has cambiado.   ...

Nuestra misión.

Reina en nuestro interior el Yo eterno que anima la chispa divina personalizada, s in la cual no podríamos existir. El objeto de nuestra presencia en este mundo estriba en llevar a cabo la unión entre nuestro pequeño yo y nuestra alma, sacralizando de ese modo la existencia de la tierra . R.Tagore. Imágen: Manolya F.

Vida interior.

Por más que el polvo de los días trastorne mi camino, he de encontrar mi vida interior, con esa alegría que se oculta dentro de ella misma. Alguna vez he columbrado sus destellos; algo de su aliento, por un instante, ha dado fragancia a mis pensamientos. Encontraré esa alegría que me oculta el velo de la luz. ¡Y he de erguirme también en la soledad inmensa donde las cosas todas se ven con los ojos del Creador.! R. Tagore.

Comunión..

En un polo de mi existencia formo una sola cosa con las piedras y los árboles. Allí tengo que reconocer el dominio de la ley Universal. Allí es donde nacen los cimientos de mi existencia. Su fuerza está en que se halla firmemente sujeta en el abrazo del mundo comprensivo, y en la plenitud de la comunión con todas las cosas. Pero por el otro polo de mi ser estoy separado de todo. Allí yo soy absolutamente único, yo soy yo, yo soy incomparable. Todo el peso del universo no puede aplastar esta individualidad mia. Yo la tengo a pesar de la tremenda gravedad de las cosas. Es pequeña en apariencia pero grande en realidad; se mantiene firme ante las fuerzas que quisieran robarle aquello que la caracteriza y hacerla una con el polvo. R. Tagore.

Contamos contigo.

C uando el sol se escondía detrás de las montañas, preguntó: - ¿Hay alguien que quiera sustituirme? - Se hará lo que se pueda, respondió la lámpara de aceite. R . T agore.

Hermano caminante.

Moverse equivale a encontarse a cada paso. Es como cantar al compás de los pies. Hermano caminante, aquel que rozó tu aliento no se contenta con rozar tu ribera, sino que ha desplegado-, intrépido, las velas al viento y cabalga ya sobre las crestas de las turbulentas olas. Aquel que abre de par en par sus puertas, recibe al salir tu saludo. Y no se detiene a contar sus ganancias, ni a lamentar su miseria; sino que escucha el redoblar el latido de su corazón; puesto que, marchando, siempre va contigo, Hermano caminante... R.Tagore.

Mi oración.

M i oración, Dios mío es ésta: Hiere,hiere la raiz de la miseria en mi corazón. Dame fuerza para llevar ligero mis alegrías y mis pesares. Dame fuerza para no renegar nunca del pobre, ni doblar mi rodilla al poder del insolente. Dame fuerza para levantar mi pensamiento sobre la pequeñez cotidiana. Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza, enamorado, a tu voluntad. R . T agore.

El principio.

-¿De donde venía yo cuando me encontraste? -preguntó el niño a su madre. Ella, llorando y riendo, le respondió apretándolo contra su pecho: -Estabas escondido en mi corazón, como un anhelo, amor mío: estabas en las muñecas de los juegos de mi infancia, y cuando, cada mañana, formaba yo la imagen de mi Dios con barro, a ti te hacía y te deshacía; estabas en el altar, con el Dios del hogar nuestro, y al adorarlo a Él, te adoraba a ti; estabas en todas mis esperanzas, y en todos mis cariños. Has vivido en mi vida y en la vida de mi madre, tú fuiste creado siglo tras siglo, en el seno del espíritu inmortal que rige nuestra casa. Cuando mi corazón adolescente abría sus hojas, flotabas tú, igual que una fragancia, a su alrededor; tu tierna suavidad florecía luego en mi cuerpo joven como antes de salir el sol la luz en el Oriente. Primer amor del cielo, hermano de la luz del alba, bajaste al mundo en el río de la vida y al fin te paraste en mi corazón... Qué misterioso temor me sobrecoge al m...

Bendición.

Bendice esta alma blanca que ha ganado para la tierra el beso del cielo, bendice este tierno corazón. Ama la luz del sol, le gusta contemplar el rostro de su madre. No ha aprendido a despreciar el polvo ni a desear el oro. Estréchalo contra tu corazón y bendícelo. Vino a este mundo de cien encrucijadas. ¿Por qué, entre la multitud, te eligió a ti, por qué llegó a tu puerta, por qué te preguntó el camino estrechándote en silencio la mano? Te seguirá, hablando y riendo sin que nunca recele su corazón. Conserva su confianza, guíale por el buen camino y bendícelo. Pon tus manos sobre su cabeza y pide en tus plegarias que, por más que las olas se levanten amenazadoras, el soplo del cielo acuda a hinchar sus velas y lo impulse hacia el puerto del reposo. No lo olvides en tus prisas, ábrele tu corazón y bendícelo. Rabrindanath Tagore.

El mundo del niño.

¡Ah, si yo pudiera entrar hasta el mismo centro del mundo de mi niño para elegir allí un placentero refugio! Sé que ese mundo tiene estrellas que le hablan, y un cielo que desciende hasta su rostro y lo divierte con sus arcoiris y sus fantásticas nubes. Esos que parecen ser mudos e incapaces de un solo movimiento, se deslizan en secreto a su ventana y le cuentan historietas y le ofrecen montones de juguetes de brillantes colores. ¡Ah, si yo pudiera caminar por el sendero que cruza el espíritu de mi niño y seguirlo aún más allá, más allá, fuera de todos los límites! Hasta donde mensajeros sin mensaje van y vienen entre Estados de reyes sin historia, donde la razón hace barriletes de sus leyes y los lanza al aire; donde la verdad libera a las acciones de sus grilletes. Rabindranath Tagore.

...Y todavia hay espacio para llenar.

Este frágil recipiente lo has vaciado una y otra vez para llenarlo eternamente de vida nueva. Esta pequeña flauta de caña la has llevado por valles y montañas, soplando a través de ella melodías siempre nuevas... Tus dones infinitos vienen a mí solamente en mis pequeñas manos. Pasan los siglos, y tú continúas vertiendo, y todavía hay espacio para llenar. R. Tagore. Gitanjali.