Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como Relatos.

Lo que descubrí de la felicidad...

L o que descubrí es que la felicidad no es algo que sucede. No es el resultado de la buena suerte o del azar. No es algo que pueda comprarse con dinero o con poder. No parece depender de los acontecimientos externos, sino más bien de cómo los interpretamos. De hecho, la felicidad es una condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. Las personas que saben controlar su experiencia interna, son capaces de determinar la calidad de sus vidas, y eso es lo más cerca que podemos estar de ser felices. Mihaly Csikszentmihalyi.

La tensión de los contrarios.

-¿ Te he explicado alguna vez la tensión de los contrarios? -dice Morrie. -¿La tensión de los contrarios? -La vida es una serie de sacudidas hacia delante y hacia atrás. Quieres hacer una cosa, pero te ves empujado a hacer otra. Alguna cosa nos hiere y, desde el mismo momento sabes que no debería ser así. Crees que tienes algunas cosas garantizadas, aunque sepas que nunca debes dar nada por garantizado. Una “tensión de los contrarios” es como estirar un brazalete de goma. Y la mayoría de nosotros vivimos en algún lugar en el medio. -Parece un combate de catch -digo. -Un combate de catch –ríe-. Sí, la vida se puede describir así. -Y al final ¿qué lado vence? –pregunto. -¿Qué lado vence? Al tiempo que me responde, Morrie me sonríe, los ojos arrugados, los dientes torcidos. Gana el amor. El amor siempre gana. Del libro: Aplícate el cuento. Imágen: Joachim G.Pinkawa.

El equilibrio.

É rase una vez un hombre cuya vida juzgaba de auténtico desastre. Cuando pasaba demasiado tiempo en el trabajo, su familia se lo reprochaba. Cuando se limitaba estrictamente a la duración de su jornada laboral, su carrera profesional se resentía. Delegaba en sus empleados y éstos no hacían más que equivocarse. Decidía supervisarlos y entonces el trabajo salía demasiado despacio. Su vida era un continuo ir y venir de decisiones, una especie de péndulo que nunca hallaba el lugar exacto... Decidir para rectificar después parecía su sino y eso, desde luego, no podía ser. – El hombre deseaba hallar el equilibrio en su vida. Equilibrio entre trabajo y familia, equilibrio entre tiempo solo y tiempo con los demás, equilibrio entre el ocio y el estudio... – Pero no sabía cómo hacerlo. – Por eso, decidió ir a ver a un experto en equilibrio. ¿Y cuál es el profesional que más sabe de equilibrio? ¡Por supuesto!: un trapecista. – Pidió referencias en varios circos y por fin dio con un arti...

El bosquejo.

-¿Qué hace usted- preguntaron un día al señor K- cuando ama a alguien? - Hago un bosquejo de esa persona- respondió el señor K- y procuro que se le asemeje lo más posible. - ¿ El bosquejo? - No, la persona. Bertold Brecht. Imágen: Sarah Mac.

Cuestión de equilibrio.

El poeta Coleridge recibió un día la visita de un admirador. Cuentan que en el transcurso de la conversación, surgió el tema de la niñez y la educación: -Creo –afirmó con rotundidad el visitante- que debe dejarse a los niños en total libertad para que piensen, actúen y tomen sus propias decisiones desde muy pequeños sin que nosotros intervengamos. Sólo así podrán desarrolar toda su potencialidad. -Ven a ver mi jardín de rosas- le dijo Coleridje, acompañando a su admirador hasta el jardín. Al verlo, el visitante exclamó: -¡Pero esto no es un jardín… esto es un patio lleno de maleza! -Solía estar lleno de rosas-dijo el poeta- pero este año decidí dejar a las plantas de mi jardín en total libertad de crecer a sus anchas sin atenderlas. Y éste es el resultado. Del libro: “Ámame para que me pueda ir.” Imágen: Louisa Jones.

Pájaro Blanco, Pájaro Negro.

Pájaro Blanco y Pájaro Negro habían estado en guerra desde edades sin memoria. Pájaro Blanco era resplandeciente, los dioses hablaban por él, era todo el bien, el pensamiento y la luz. Pájaro Negro era sombrío y denso, por él hablaban las potencias inferiores, y era toda la fuerza animal, los instintos y la potencia de la oscuridad. Pájaro Blanco despreciaba al Negro por su vuelo rasante, porque era carnicero, porque se apareaba con hembras, y porque buscaba andar en bandada, acompañado por otros oscuros como él. Pájaro Negro despreciaba al Blanco por su poco peso, por vivir en las nubes, porque no conocía hembras, porque su comida desabrida era el aire y porque no tenía compañeros y vivía solo. Uno ganaba, ganaba el otro. Victoria final ninguno tenía. Pero cuanto más guerreaban, más se miraban. Un día la curiosidad empezó a acercar a los dos. Menos se interesaban ahora, uno por el mundo de las nubes, otro por el mundo de la tierra. Uno al otro se interesaban, les empujaba el saber. P...

La luna.

“Tenemos que ser como la luna”, decía y repetía uno de los ancianos de nuestro pueblo, Kabati, en África. Cuando íbamos al río a por agua, o a los campos a trabajar, o a cazar, o a extraer la savia de las palmeras, nos lo decía una y otra vez sin explicarlo nunca, sin decir otra cosa, sonriente y sabio, sentado a la puerta de su casa. Yo le oía siempre sin entender, y tampoco me preocupaba por saber qué quería decir. Por fin un día me entró curiosidad y le pregunté a mi abuela, “¿Qué quiere decir ese anciano cuando nos dice que tenemos que ser como la luna?”. Ella me explicó. Me dijo que era un dicho para recordarnos que teníamos siempre que ser considerados y delicados con los demás. “La gente se queja cuando hay mucho sol y el calor se hace inaguantable, y también se queja cuando no hay sol y está nublado y llueve y nos mojamos y tenemos frío. Se quejan cuando el sol luce, y se quejan cuando no luce. Pero nadie se queja de la luna. La luna aparece en el cielo, más grande o más pequeñ...

Manos que saben tanto.

Ni siquiera es otra vez.... Es la misma, repetida tantas noches, tantas semanas, tantos años! Es la misma vez porque ella es la misma, en su cansancio sobrepuesto por fuerza de ternura, en sus manos oficiando el ejercicio del amor, hecho labor de agua y de jabón, de calor de cocina y de plancha. Sus manos han descolgado ropa húmeda, la secaron al fuego de la chimenea, la doblaron con prolijidad, la distribuyeron en los placares, tendieron camas y ordenaron la vida, hicieron la comida tantas veces como marcó el hambre y el reloj; entraron leña, atizaron las llamas, hicieron bizcochos en el horno de la tarde, aplacaron discusiones, equilibraron con caricias, disolvieron tensiones en sonrisas. Hoy, una y otra vez, sus manos hicieron el hogar. Y cerca de las manos, tan cerca que casi está en ellas, el corazón inspirando cada minuto, sostuvo a lo largo y a lo ancho del día la voluntad de amar. Ella igual a sí misma, tan igual como este “cada vez” de tantos “cada día” y en su suma la duració...

Por favor escucha... lo que no estoy diciendo.

No dejes que te engañe. Que no te engañe la cara que llevo. Porque sólo es una máscara, una de las máscaras que temo quitarme y ninguna de ellas soy yo. Aparentar es un arte que domino, pero no te dejes engañar. Te doy la impresión de ser fuerte, de que dentro y fuera de mí hay un día soleado y apacible, de que mi nombre es “confianza” y que “control” es mi juego. De que el mar está sereno y yo sereno al timón, de que no necesito a nadie, p ero no me creas. Mi exterior refleja serenidad. pero sólo es una máscara, siempre cambiando, siempre ocultando. Detrás de ella hay confusión, temor y soledad, pero esto lo escondo. No quiero que nadie lo sepa. Me da pánico que mi debilidad y mi temor queden expuestos. Es por eso el afán con que he creado una máscara en dónde ocultarme. Una fachada indiferente y sofisticada que me ayude a fingir, que me sirva de escudo ante una mirada conocedora. Pero precisamente, esa mirada es mi salvación, mi única esperanza, lo sé. Siempre y cuando venga ...

Me encanta Dios.

Me encanta Dios. Es un viejo magnífico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega, y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna o nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de manos. Nos ha enviado algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo, o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero esto a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, que el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo-, la vida, sea para siempre. Ahora los científicos salen con su teoría del Big Bang....Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes. A mí me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso, que el otro día descubrí que ha he...