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Mostrando las entradas etiquetadas como Enrique Mariscal.

El amor es radiante.

El amor es capaz de encontrar un rostro entre una multitud, un paso inconfundible en una larga caravana, el calor de una mano entre muchas palmas tibias, una lágrima entre una catarata, una mirada entre cientos de ventanas… Detecta con seguridad un suspiro, un silencio, un canto, una risa, un grito en la dispersión del ruido expansivo. El amor llama a la unidad, no a la división. Es grande, hospitalario, generoso, benefactor, radiante, pleno en sí mismo, bello. Instala al ser humano en su mejor condición en el cosmos. El amor es lúdico, le gusta del buen humor, de los juegos irónicos, de lo simple, de la síntesis y de los hallazgos valiosos imprevistos. Enrique Mariscal.

Aprendiendo a ver.

Cuentan que en la carpintería hubo una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. Se pasaba el tiempo haciendo ruidos. El martillo aceptó la culpa, pero pidió que fuera expulsado el tornillo, argumentando que había que darle demasiadas vueltas para que sirviera. El tornillo aceptó el ataque pero exigió la expulsión de la lija. Señaló que era áspera en su trato y tenía fricciones con los demás. Y la lija estuvo de acuerdo pero exigió que fuera expulsado el metro que siempre se la pasaba midiendo a los demás como si fuera el único perfecto. En eso entró el carpintero, se puso su delantal e inició la tarea. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera se convirtió en un hermoso mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando el serrucho dijo: Señores, ha quedado demostr...