Paradojicamente, una vez que volvemos a Dios , la confianza y la certeza son tan grandes que los milagros ya no nos resultan necesarios. Por años creía vincularme a Dios desde el miedo y la demanda , desde el ego. En realidad no hacía más que temerle y que pedirle. Concebía el milagro como un hecho prácticamente inalcanzable, sin embargo vivía con ilusión (que no es lo mismo que con Fe) en que un hecho fortuito cambiara mi vida “milagrosamente”. Depositaba todo en ese Dios distante (la distancia la ponia yo) y, con esa escasa convicción y desmesurada ambición, generaba un espacio de decepción continuo en lugar de una zona fértil para la concreción de los milagros. Por aquellos tiempos consideraba que la suerte era casi todo en la vida y todo mi aporte era esperar que Dios hiciera su aporte. Hoy comprendo que ”Dios no habla en ego”, el no es bilingüe como la mayoría de nosotros, que pasamos de ego al ser con frecuencia. Hoy sé que con Dios solo “se habla en amor”. La vida es evoluci...