Ir al contenido principal

El puente inflexible.


Un día yo navegaba bajo un puente, el màstil de mi embarcaciòn tropezò con uno de los arcos. Mejor hubiera sido para mi que el màstil se hubiera inclinado unos cuantos centimetros, o que el puente hubiera enarcado su lomo como un gato, o que el caudal del rìo hubiera decrecido un poco. Pero ni uno no otro hicieron nada para evitar el encontronazo. Y es precisamente por ello, por la firmeza que cada cosa mantenìa, por lo que yo podìa servirme del rìo y navegar sobre èl con ayuda del palo de mi barco, y por lo que podìa contar con el puente cuando la corriente no era favorable.

¨ Ese rigor inquebrantable de la realidad suele obstaculizar nuestros deseos y conducirnos al desastre, lo mismo que la dureza del suelo resulta inevitablemente dolorosa para el niño que se cae cuando està aprendiendo a caminar. Y, sin embargo, esa misma dureza que le lastima es lo que hace que el niño pueda caminar sobre el suelo.¨

R. Tagore.


Las leyes son las leyes, el capricho crea caos. La ley nos duele cuando es contraria a nuestros intereses inmediatos, pero nos ampara en el àmbito universal de nuestra existencia. Nos ancantarìa que el màstil se inclinara o el puente se arqueara y evitasemos ese choque que nos va a doler. Pero, si los màstiles se doblaran y los puentes se arquearan a voluntad de cualquiera, no podrìamos navegar los mares ni cruzar los rìos. Màs vale el encontronazo que nos recuerda, por doloroso que sea, que la creaciòn tiene sus normas, y en respetarlas y aceptarlas està nuestra salvaciòn. Todos nos hemos lastimado las rodillas al tropezar y caer de pequeños, y gracias a esos rasguños podemos hoy caminar y correr por los caminos de la vida, que sabemos aguantaran nuestro paso. Aceptar el todo, aunque a veces mortifiquen los detalles. Asì funciona el universo.



Carlos. G. Valles.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ayúdame a mirar...

“Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando al fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió al padre: "¡Ayúdame a mirar!" ( Eduardo Galeano.) La petición del niño ante la sorpresa azul del inmenso mar es la más bella expresión de lo que hombres y mujeres podemos hacer unos por otros en la búsqueda permanente que marca nuestra existencia. ¡Ayúdame a mirar! Tú no puedes mirar por mí, no puedes obligarme a mirar, no puedes hacer que yo vea lo que tú ves, no puedes forzarme, no puedes prestarme tus ojos, tus ideas, tu experiencia. Pero puedes ayudarme. Ya me has ayudado con llevarme al sur, con atravesar la arena conmigo, con pone...

Prometo.

Si te atreves, no me sueltes...

Hasta pronto.

Hace un largo tiempo que no puedo entrar a actualizar el blog, la vida me presento una prueba y estoy tratando de superarla. Siempre me consideré una mujer fuerte en todos los aspectos, anímico, físico y espiritual, y estos tres aspectos están a prueba hoy. Recién estoy recuperandome de un problemita de salud que sin darme cuenta fui arrastrando a lo largo del año pasado, el cuerpo dijo basta y ahora estoy mimándolo mucho para recobrar fuerzas y ánimo para restablecer mi vida. Este blog me dio muchisimas alegrías, me contactó con gente hermosa de diversos lugares del mundo que me mimó y me dio siempre ánimo para que continuara con la tarea de actualizarlo a diario, hoy no puedo prestarle la atención que se merece, y quiero pedir disculpas a los lectores que fielmente pasan aun por el a leer. Hoy digo hasta pronto, quien sabe, por ahí la vida me traiga de vuelta para estos rumbos. No quiero despedirme sin agradecerle de corazón todas las alegrías compartidas. Les dejo un abrazo enorme, ...