A ti, por amarme con libertad como sólo un hombre sabio sabe hacerlo, sin ponerle puertas al campo, ni ventanas al cielo, sin código de barras, ni fecha de caducidad. A ti, que cuando creí morir no dejaste flores en mi tumba, sino que me hiciste el boca a boca y lograste resucitarme. A ti, que siempre has sabido dar un paso atrás para dejarme brillar y no pisar mi sombra. A ti, cuya fe en mí siempre ha sido tan intensa, que incluso creíste en mí cuando yo dejé de hacerlo. A ti por ser un refugio abierto veinticuatro horas, un faro en la tormenta, un colchón para mi sueño, un jarrón con agua para mis flores, una chispa para mi dinamita, fuegos artificiales en mi noche oscura. A ti, por valorar mis virtudes y ayudarme a no olvidar mis defectos. A ti, que bailaste hasta el amanecer sin rechistar, calzado en mis zapatos, a pesar de que te dolieran los pies. A ti, que eres capaz de hacer magia con la mirada, sin tener que sacar un conejo de una chistera, ni dejar volar palomas adiestradas....