Ir al contenido principal

Dicen...


Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan.
Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.
Tal vez lo que sucede, es que al compartir,
lo que se dilata es el corazón.
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías
y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.




Mamerto Menapace.





Comentarios

  1. Entre unas y otras nos hacemos vencedores.
    En el compartir está la belleza de la humidad.



    Gracias.

    ResponderEliminar
  2. De acuerdo con tan bella reflexión, el compartir penas y alegrías nos aligera el corazón…todo lo vemos desde otra perspectiva.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. .. y es tan cierto. Al compartir se dilata el corazón..

    ResponderEliminar
  4. Hola:

    El corazón con amor crece, y las penas son pequeñas gracias a él, tal vez por eso el amor es un milagro...

    Gracias por visitarme en mi blog y por tus lindas palabras, muchas gracias.

    SALUDOS.

    ResponderEliminar
  5. Hola amiga Pao¡Vengo a compartir contigo lo que tengo,pero sobretodo
    quiero decirte algo hermoso. Gracias por las veces que has venido a comentar a mi blog . sabes... te encuentro a faltar, espero que me des la alegría de verte de nuevo en mi casa y compartir lo que allí doy para todos.
    Con ternura
    Sor.Cecilia

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

A todo caminante que la vida trajo por aqui, le agradezco que deje su huella. Un abrazo!!!

Entradas populares de este blog

Prometo.

Si te atreves, no me sueltes...

Ayúdame a mirar...

“Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando al fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió al padre: "¡Ayúdame a mirar!" ( Eduardo Galeano.) La petición del niño ante la sorpresa azul del inmenso mar es la más bella expresión de lo que hombres y mujeres podemos hacer unos por otros en la búsqueda permanente que marca nuestra existencia. ¡Ayúdame a mirar! Tú no puedes mirar por mí, no puedes obligarme a mirar, no puedes hacer que yo vea lo que tú ves, no puedes forzarme, no puedes prestarme tus ojos, tus ideas, tu experiencia. Pero puedes ayudarme. Ya me has ayudado con llevarme al sur, con atravesar la arena conmigo, con pone...

Hasta pronto.

Hace un largo tiempo que no puedo entrar a actualizar el blog, la vida me presento una prueba y estoy tratando de superarla. Siempre me consideré una mujer fuerte en todos los aspectos, anímico, físico y espiritual, y estos tres aspectos están a prueba hoy. Recién estoy recuperandome de un problemita de salud que sin darme cuenta fui arrastrando a lo largo del año pasado, el cuerpo dijo basta y ahora estoy mimándolo mucho para recobrar fuerzas y ánimo para restablecer mi vida. Este blog me dio muchisimas alegrías, me contactó con gente hermosa de diversos lugares del mundo que me mimó y me dio siempre ánimo para que continuara con la tarea de actualizarlo a diario, hoy no puedo prestarle la atención que se merece, y quiero pedir disculpas a los lectores que fielmente pasan aun por el a leer. Hoy digo hasta pronto, quien sabe, por ahí la vida me traiga de vuelta para estos rumbos. No quiero despedirme sin agradecerle de corazón todas las alegrías compartidas. Les dejo un abrazo enorme, ...