Dicen los arqueólogos que los hindúes más antiguos hacían las imágenes de sus dioses sólo en barro, nunca en piedra o mármol. El barro dura poco, y la imagen ha de cambiarse por una nueva al cabo de algún tiempo. Quizá un resto de esta costumbre es la ceremonia que vemos todos los años en Bombay [Mumbai] cuando en la fiesta de Ganesh Chaturthi, después de rendir culto a imágenes de barro o escayola del dios Gánpati, se sumergen en el mar en procesión solemne, y allí se hunden, se disuelven y desaparecen. Y se hace otra imagen para otro año. La teología del barro es digna y profunda. Una sola imagen, por bella que sea, no capta la infinitud de Dios. Está bien tenerla y venerarla por un tiempo, y está bien igualmente dejar que se disuelva y dé lugar a otra imagen, a otro aspecto, a otro rostro de la divinidad que nunca agotamos con nuestros diseños. Dejarle a Dios que cambie, que muestre en la limitación de nuestras formas y colores algo de lo ilimitado de su realeza y su riqueza. Dejarn...