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Verla volar.


"Los pocos que hacen son la envidia de los muchos que solo miran" (Jim Rohn)

“Ana y Miguel se pusieron de novios en la secundaria. Con el paso del tiempo, su relación comenzó a madurar y a crecer. Cierto día, mientras hacían planes y el futuro empezaba a desplegarse ante ellos, sucedió algo inesperado: a Ana le nacieron alas. Al principio, trató de mantenerlas ocultas para no alarmar a Miguel. Sin embargo, esto solo fue posible por unos pocos días. Impulsada por el viento de una mañana, Ana aprendió a volar.
Miguel se sintió sorprendido y admirado por la belleza de las alas de Ana, aunque también se sintió limitado, debido a que no podía acompañarla durante el vuelo. Ana volaba cada vez más alto e iba cada vez más lejos.
Miguel confiaba en que, por orden de la naturaleza, a él también le nacerían alas como las de Ana, pero los meses pasaban y eso no sucedía. Hasta que un día, ocurrió el milagro: Miguel había aprendido el arte, la maravilla y la alegría de ver volar a la persona amada”.


Gustavo Bedrossian.



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