¡¡ Bendito seas !!



Entre todos los bienes que me has dado
yo bendigo esta paz dulce y serena.
Paz con fuerza de fe, de vida plena.
Temple y fuego de amor bien cimentado.
Que en reguero de luz por el sendero,
con su llama encendió cinco luceros.

Bendito tu sostén, tronco fecundo…
Por tantos años mitigando ardores
y llenando mi vida con tus flores.

Sé que no hay dicha para ti en el mundo,
como para escuchar de amor su himno de gloria,
para escribir con besos nuestra historia.

Tu tierna compresión, tu vida clara,
me han dejado volar cual la gaviota
que no sintió jamás su alas rotas.

Mi dicha en este mundo es cosa rara.
Por eso te bendice mi alma pura…
¡Y te bendice Dios, sobre la altura!




Zenaida Bacardí de Argamasilla.





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