El espejo.


Nuestra naturaleza es similar a la de un espejo que es capaz de reflejar cualquier imagen, infinitas imágenes, sin alterar ni en lo más mínimo su verdadera esencia. Las imágenes pueden reflejarse pero no dejan marca alguna en él. El espejo no es bello porque se refleje en él una flor, así como tampoco es feo si lo que se refleja es basura porque el espejo mismo no puede ser juzgado por las imágenes que muestra. Está totalmente vacío de imágenes y, sin embargo, es lo que es. Ahora imagina un espejo. Intenta verlo sin distraerte en las imágenes que puedan estar reflejándose. Trata de verte a ti mismo de la misma forma. Ve en ti mismo la capacidad que tienes de pensar, de sentir y de percibir, como si esto sólo fueran reflejos que imprime tu mente. Los pensamientos son sonidos que nos distraen y obstaculizan la posibilidad de profundizar y captar nuestra verdadera esencia. A través de la meditación, cuando calles tus pensamientos podrás percibirte plenamente y distinguirte en este movimiento mental y si alguien preguntara de quién son esos pensamientos, sin dudar responderías: “ Míos”. Si te preguntasen quién pensaba dirías: “Yo”. Ni los pensamientos que bombardean tu mente son exactamente tuyos ni el que piensa eres exactamente tú. Sin embargo, están en ti de la misma manera que las imágenes que se reflejan en el espejo no son el espejo pero están en él. Ese Yo que creemos ser, también es nada más que un pensamiento que no siquiera proviene de su propia fuente. Es la acumulación de identificaciones, recuerdos, pensamientos de otros y apreciaciones ajenas que asumimos como propias. Es un Yo aislado que nos hace vivir en la carencia. De algún modo buscamos lo que ya tenemos y deseamos ser lo que ya somos.



Alberto Lóizaga.




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A todo caminante que la vida trajo por aqui, le agradezco que deje su huella. Un abrazo!!!

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