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Meditación y oración.


Para meditar, comienza por encontrar un lugar tranquilo, en el que nadie te pueda interrumpir, si es posible silencioso y solitario. Puede ser cualquier sitio, un cuarto apartado de tu casa, el desván, la pequeña terraza de la casa de tu tía la del campo, una playa solitaria o una pequeña plaza en las afueras de la ciudad. Si te costara encontrar un lugar con estas características, prueba en una iglesia. Salvo algunos pocos horarios, las iglesias suelen ser lugares bastante silenciosos y muy solitarios.
Siéntate en silencio, en el lugar que quieras, y repite mentalmente un mantra. Puede ser tu propio nombre, una palabra en sánscrito o una frase cualquiera que puedas repetir sin pensarla demasiado. Una vez más si no encuentras nada mejor, el Padrenuestro o el Avemaría te pueden ser de utilidad.
Ahora vacía tu mente de cualquier otra cosa que no sea tu estar allí, en lo que estás, y en silencio, abre tu corazón a lo que ocurra.
Puede pasar que , al verte meditando así, algunos crean que estas rezando, pero no te inquietes, tú y yo sabemos que lo que haces es meditar.




Francisco Jalics.





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