Subir a la cumbre.


Los vientos y las lluvias de los monzones azotaban la cumbre. Nadie subía por el camino más que una viejecita frágil y encorvada sobre su bastón. Un pastor desde su choza en la falda de la montaña le dijo: "No podréis llegar a la cumbre con esta tormenta." Pero la anciana contestó sin aflojar el paso: "Mi corazón ha estado allá toda mi vida. Ahora solo estoy llevando mi cuerpo a reunirse con él. Eso es fácil."


"Donde está tu tesoro, allí está tu corazón." (Mateo 6, 21).




Carlos G. Valles.



Comentarios

  1. Feliz el que sabe vivir como esta anciana. Ha sido precioso.Gracias una vez más.
    Besos

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A todo caminante que la vida trajo por aqui, le agradezco que deje su huella. Un abrazo!!!

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