Solo.


Me abandoné a la placidez del sueño, y cuando regresé a la vigilia, me vi empapado y temblando de miedo. Me perdí detrás de una mujer, y cuando me di cuenta, estaba desnudo y sin un centavo. Me dejé flotar en el vaivén de las olas, y cuando volví en mí me hacían respiración artificial.
Definitivamente no puedo dejarme solo.



Raúl Brasca.



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