Dejarse ir.

En términos prácticos, rendirse significa dejarse ir. Aunque no lo comprenda así, la realidad no es algo fijo. Cada uno de nosotros habita una realidad aparte. Tu mente mantiene tu versión personal de la realidad atrincherándola con creencias, expectativas e interpretaciones. Bloquea el libre flujo de la fuerza vital diciendo: “Así deben ser las cosas.” El dejarse ir te libera de este puño insistente; cuando te dejas ir pueden ingresar nuevas formas de realidad.

Basta con ir a dar una vuelta en la montaña rusa para ver quién disfruta más de la experiencia; los que se aferran con los nudillos blancos y los dientes apretados o los que se dejan ir, sin resistencia.

Dejarse ir es un proceso. Debes saber cuándo aplicarlo, de qué desprenderse y cómo hacerlo. La mente no va a mostrarte ninguna de estas cosas; peor aún: tu ego tratará de impedir que avances, pues está convencido que debes aferrarte para sobrevivir. En este desprendimiento, tu único aliado es el espíritu, que ve la realidad como un todo y, por ende, no tiene necesidad alguna de crear realidades parciales basadas en la limitación. La finalidad de los ejercicios siguientes es liberarte para ir hacia el espíritu.

Se podría describir el camino hacia el amor como un aprendizaje del dejarse ir, pero no es posible hacerlo de inmediato. Este camino está compuesto por muchos pasos pequeños. En cualquier momento dado, los pasos son básicamente los mismos: la conciencia comienza a sustituir las reacciones. Una reacción es automática, abreva en convicciones y expectativas fijas, en imágenes de dolores y placeres asados que residen en la memoria, listos para guiarte hacia situaciones futuras. Si cuando eras niño te mordió un perro grande, la aparición de un perro grande en la actualidad hace que te apartes . La memoria te dice, en una fracción de segundo, que tu reacción ante los perros grandes debe ser el miedo.

Superar esta o cualquier otra reacción requiere un acto de conciencia. La conciencia no resiste el sello de la memoria. Penetra en ella y pone en tela de juicio su necesidad actual. Ante un perro grande, la conciencia te dice que ya no eres pequeño y que no todos los perros grandes muerden. Si tienes conciencia de esto, puedes preguntarte si es necesario aferrarte al miedo. Que acabes acariciando al perro, ignorándolo o alejándote es algo que decidirás tú. Las reacciones dan como resultado una serie cerrada de alternativas; la conciencia en cambio, origina una serie abierta.

Cada vez que te sientas tentado a reaccionar como de costumbre, pregúntate si quieres ser prisionero del pasado o pionero del futuro. El pasado es algo cerrado y circunscrito; el futuro es abierto y libre.

Como la mente se aferra a una interminable serie de experiencias, creencias e imágenes, podrías practicar el dejarte ir en cada instante de tu vida. Aunque esto no es factible hay fuertes señales que te dirán cuándo es adecuadohacerlo. Una vez que tienes conciencia, saber cuándo dejarte ir se torna obvio.


Deepak Chopra.



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