Ir al contenido principal

Halagos e insultos .


Era un venerable maestro. En sus ojos había un reconfortante destello de paz permanente. Sólo tenía un discípulo, al que paulatinamente iba impartiendo la enseñanza mística. El cielo se había teñido de una hermosa tonalidad de naranja-oro, cuando el maestro se dirigió al discípulo y le ordenó:

-
Querido mío, mi muy querido, acércate al cementerio y, una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.

El discípulo caminó hasta un cementerio cercano. El silencio era sobrecogedor. Quebró la apacible atmósfera del lugar gritando toda clase de
elogios a los muertos. Después regresó junto a su maestro.

-
¿Qué te respondieron los muertos? -preguntó el maestro.
-
Nada dijeron.
-
En ese caso, mi muy querido amigo, vuelve al cementerio y lanza toda suerte de insultos a los muertos.

El discípulo regresó hasta el silente cementerio. A pleno pulmón, comenzó a soltar toda clase de
improperios contra los muertos. Después de unos minutos, volvió junto al maestro, que le preguntó al instante:

-
¿Qué te han respondido los muertos?
-
De nuevo nada dijeron -repuso el discípulo.
Y el maestro concluyó:
-
Así debes ser tú: indiferente, como un muerto, a los halagos y a los insultos de los otros.

El Maestro dice: Quien hoy te halaga, mañana te puede insultar y quien hoy te insulta, mañana te puede halagar. No seas como una hoja a merced del viento de los halagos e insultos. Permanece en ti mismo más allá de unos y de otros.


Cuentos de la India.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Ayúdame a mirar...

“Diego no conocía la mar. El padre, Santiago Kovadloff, lo llevó a descubrirla. Viajaron al sur. Ella, la mar, estaba más allá de los altos médanos, esperando. Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin aquellas cumbres de arena, después de mucho caminar, la mar estalló ante sus ojos. Y fue tanta la inmensidad del mar, y tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de hermosura. Y cuando al fin consiguió hablar, temblando, tartamudeando, pidió al padre: "¡Ayúdame a mirar!" ( Eduardo Galeano.) La petición del niño ante la sorpresa azul del inmenso mar es la más bella expresión de lo que hombres y mujeres podemos hacer unos por otros en la búsqueda permanente que marca nuestra existencia. ¡Ayúdame a mirar! Tú no puedes mirar por mí, no puedes obligarme a mirar, no puedes hacer que yo vea lo que tú ves, no puedes forzarme, no puedes prestarme tus ojos, tus ideas, tu experiencia. Pero puedes ayudarme. Ya me has ayudado con llevarme al sur, con atravesar la arena conmigo, con pone...

Prometo.

Si te atreves, no me sueltes...

Hasta pronto.

Hace un largo tiempo que no puedo entrar a actualizar el blog, la vida me presento una prueba y estoy tratando de superarla. Siempre me consideré una mujer fuerte en todos los aspectos, anímico, físico y espiritual, y estos tres aspectos están a prueba hoy. Recién estoy recuperandome de un problemita de salud que sin darme cuenta fui arrastrando a lo largo del año pasado, el cuerpo dijo basta y ahora estoy mimándolo mucho para recobrar fuerzas y ánimo para restablecer mi vida. Este blog me dio muchisimas alegrías, me contactó con gente hermosa de diversos lugares del mundo que me mimó y me dio siempre ánimo para que continuara con la tarea de actualizarlo a diario, hoy no puedo prestarle la atención que se merece, y quiero pedir disculpas a los lectores que fielmente pasan aun por el a leer. Hoy digo hasta pronto, quien sabe, por ahí la vida me traiga de vuelta para estos rumbos. No quiero despedirme sin agradecerle de corazón todas las alegrías compartidas. Les dejo un abrazo enorme, ...