jueves, 27 de octubre de 2016

Estoy.



Estoy tan cerca, .
que puedo parecer distante…
Tan completamente mezclado contigo, 
que puedo parecer separado…
Tan evidente, que parezco escondido.
Tan silencioso, porque estoy constantemente 
hablando contigo.

Rumi.



martes, 25 de octubre de 2016

"Lo que nos gusta" es otro de nuestros sentidos.


En relación a la cantidad de veces que escuchamos
“No se puede hacer siempre lo que te gusta”, corregimos:
hacé siempre lo que te gusta.
No dejes de hacerlo cuando no salga como querés,
cuando lo que te gusta fracase o no tenga la respuesta esperada.
No dejes de buscarlo porque queda lejos
o parezca un gran desafío, o porque se pone difícil.
Hacé lo que te gusta y de la mejor manera posible, no chapuceramente.
Aprendé el oficio, sé un buen fan de lo que te gusta.
Hacelo y contagiá a los demás,
convencelos de lo que te gusta.
Trabajá de lo que te gusta; pero, si no es posible hoy, fijate qué podés hacer
para que hoy te guste hacerlo… no digamos todo el día
pero sí una buena media hora que irradie energía
al resto de la jornada
(por lo menos dedicale el día a quien te gusta).
Mientras, seguí puliendo lo que te gusta,
seguí entendiéndolo, fiel, tenaz y amorosamente.
La naturaleza, o quién sea si creés en algo, nos dio eso, el gusto,
para guiarnos en lo infinito.
No es un capricho, es un mapa,
es otro de nuestros sentidos,
otra piel, otros oídos.
No lo traiciones, ni dejes que sea tu tirano,
como no idolatrás a tus ojos
ni te los tapás para salir a la calle.
Lo que te gusta es algo inquieto, se mueve,
no se lleva bien con las repeticiones, ni siquiera de sí mismo.
Agotá lo que te gusta y seguí adelante, si es el caso; pero
tampoco tengas miedo de quedar atado a alguien.
Permanecé,
sé fiel a quien te gusta.
El gusto es un pozo profundo.
Nos acostumbramos a que los titulares sean más grandes
a medida que crecen las ofertas,
pero esto es distinto: no va a levantar su voz evidente.
Sólo porque viaja como la luz de una estrella
en ocasiones de milagro la distinguimos
en medio de tantos brillos del mundo.
Lo que nos gusta
es la luminosidad de nuestras estrellas.
Sabremos guiarnos con ellas
hacia ellas.

(c) 2016 by Luis Pescetti

lunes, 24 de octubre de 2016

Reglas de las mujeres sabias.



1  Las mujeres sabias no viven quejándose, generan cambios.
2  Las mujeres sabias son atrevidas.
3  Las mujeres sabias tienen buena mano con las plantas.
4  Las mujeres sabias confían en su intuición y respetan la de los demás.
5  Las mujeres sabias meditan diariamente y están en comunión con su interioridad.
6  Las mujeres sabias defienden con firmeza lo que más les importa.
7  Las mujeres sabias disciernen su camino también con el corazón.
8  Las mujeres sabias dicen la verdad con compasión.
9  Las mujeres sabias escuchan su cuerpo.
10 Las mujeres sabias improvisan y juegan.
11 Las mujeres sabias no imploran de manera dependiente.
12 Las mujeres sabias se ríen juntas.
13 Las mujeres sabias saborean lo positivo de la vida y lo comparten con sencillez.   


Del libro:
"Las Brujas no se quejan"
Jean Shinoda Bolen.



Hambre de contacto.



Hambre de contacto”, le llamó Ken Wilber. Anhelar con hondura ser percibidos por el otro, conectarnos íntimamente, ser apreciados, abrazados, contenidos: una básica necesidad humana que muchos, para sobrevivir, aprenden a anestesiar. Sí: algunas personas, mancilladas en su sensibilidad, van tejiendo un sistema defensivo que les mantenga protegidos de nuevos dolores; una coraza (palabra que, claro, viene de “corazón”). Entonces, o se aislan, o se abren erróneamente ante quienes van a dejarles de nuevo con… hambre de contacto. Necesitan aprender a administrar las compuertas sensibles.
El corazón sobre-defendido tiene dos destinos: o se momifica (y queda seco, frío, mudo), o sufre su encierro como un pájaro confinado, más que a una jaula, a una caja de hierro. Pobre pájaro! Pobre corazón. Y pobre persona si no advierte que esa caja fuerte se abre desde adentro: sólo uno tiene la clave, y con suma delicadeza necesita darse tiempo para, palpando el propio sentir, encontrar cómo hacer el “click”. Si no puede solo, no esperar a que “el Amor” venga a salvarle: pedir ayuda, pues para hacer contacto con otro es indispensable primero aprender a hacer contacto consigo. Así, se sabrá elegir mejor con quiénes transitar el camino.
Curiosamente, en Psicología (arte de ayudar a abrir cajas fuertes) con frecuencia se entrena a quien la ejerce a mantener tanta distancia con su paciente, que lo que éste suele experimentar es más aridez (mayor hambre de contacto!): en vez de auxiliarnos para aprender a abrir nuestra caja fuerte, sólo nos explican cómo es su cerradura. Para desacorazar, el terapeuta también tiene quedesacorazarse; contactar con la esencia de quien se ha a-islado, pues eso lo animará a dejar de ser una isla y unirse al continente, con sus pares. Adiestrémonos, todos, en ser gentiles auto-cerrajeros. Y liberemos nuestro pájaro. Como sea.

Aquí el exacto Eduardo Galeano nos ilustra este tema con una historia:

“Rubén Omar Sosa escuchó la lección de Maximiliana en un curso de terapia intensiva, en Buenos Aires. Fue lo más importante de todo lo que aprendió en sus años de estudiante. 
Un profesor contó el caso. Doña Maximiliana, muy cansada por los trajines de una larga vida sin domingos, llevaba unos cuantos días internada en el hospital, y cada día pedía lo mismo: 
-Por favor, doctor, ¿podría tomarme el pulso? 
Una suave presión de los dedos en la muñeca, y él decía: 
-Muy bien. Setenta y ocho. Perfecto. 
-Sí, doctor, gracias. Ahora por favor, ¿me toma el pulso? 
Y él volvía a tomarlo, y volvía a explicarle que estaba todo bien, que mejor imposible. 
Día tras día, se repetía la escena. Cada vez que él pasaba por la cama de doña Maximiliana, esa voz, ese ronquido, lo llamaba, y le ofrecía ese brazo, esa ramita, una vez, y otra vez, y otra. 
Él obedecía, porque un buen médico debe ser paciente con sus pacientes, pero pensaba: "Esta vieja es un plomo." Y pensaba: "Le falta un tornillo." Años demoró en darse cuenta de que lo que ella estaba pidiendo era que alguien la tocara.”


 Virginia Gawel.