lunes, 28 de enero de 2013

Dejamos huellas.




Todo lo que hacemos en el transcurso de una jornada deja huellas en los lugares que ocupamos. Son sellos, clichés, una memoria que queda ahí, fijada en el plano etérico, sobre las paredes, los muebles, los objetos. No es necesario tocar los objetos para dejar huellas en ellos; aunque no los toques, las emanaciones de nuestro cuerpo mental se imprimen en ellos. Y en los lugares por los que pases, en las personas con las que  te relacionas, dejas también huellas buenas o malas, luminosas o sombrías. Por eso es tan importante trabajar con nuestros pensamientos y nuestros sentimientos para mejorarlos, purificarlos, sabiendo que podemos hacer el bien o el mal no sólo con los actos, sino con los pensamientos.
En todas partes, en cualquier lugar por el que pases, esfuerzate  para no dejar más que huellas de luz y de amor. Cuando pases  por un camino, por una calle: bendice ese camino o esa calle pidiendo que todos los que pasen por él reciban la paz y la luz, que sean llevados por el buen camino, que vibren al unísono con el mundo divino.



Omraam M. Aivanhov.





jueves, 24 de enero de 2013

La simplicidad de la aurora.


Desde la simplicidades de la aurora surgen momentos de una profundidad
 que escapan a toda explicación y de un poder que está más alla del sentimiento.
Hay mañanas en que alguna alegría pequeña y aislada resulta más convincente
 que todo un mes de dolor.



Joan Mills.



martes, 22 de enero de 2013

Amar las preguntas.


Ten paciencia con todo aquello 
que no se ha resuelto en tu corazón 
e intenta amar las preguntas por sí mismas, 
como si fueran habitaciones cerradas 
o libros escritos en una lengua extranjera. 
No busques ahora las respuestas 
que no estés preparado para vivir, 
pues la clave es vivirlo todo. 
Vive las preguntas ahora. 
Tal vez las encuentres, gradualmente, sin notarlas, 
y algún día lejano llegues a las respuestas. 


Rainer  María  Rilke.



lunes, 21 de enero de 2013

Luz.



Es curioso... A escala microscópica, somos vacío. No somos nada. En realidad la materia está vacía. Si nos acercamos a nuestra piel, y avanzamos a escalas microscópicas el vacío se hace inmenso, casi total. Sin embargo nuestra vida, nuestro mundo, universo, sensaciones, nuestros problemas son bien reales.

¿Qué somos, materia o vacío?

Quizás somos luz encarnada, condensada. Luz cierta, a veces feliz, a veces sufriente, a ratos confundida o equivocada, y en otros nos reconocemos en esta esencia gozosa, simple, original.

Cuando estamos felices, parecemos emitir luz. La buena gente, es luminosa. Ilumina la vida de quienes le rodean. Regala amor y alegría. "Parece que emitas luz", decimos a quienes vemos prendidos por el regalo de la alegría, la plenitud o la emoción generada por un sentimiento elevado y amable. "Iluminados" se ha llamado a aquellos avatares que desde la sencillez desvelaron obviedades obviadas que tenemos bien cerca y que no vemos por falta de luz: aquí y ahora, ama y haz, no hagas al otro lo que no quieras que te hagan... Simplicidad, originalidad, esencialidad: luz.

Espero que esta semana te regale momentos luminosos e iluminados. Y si no vienen, podemos crearlos. A veces una chispa (de amor, de alegría, de creatividad, de sentido, de generosidad, de silencio, de comprensión, de paciencia...), puede cambiar una vida.



Alex Rovira.

Fuente: http://www.facebook.com/Alex.Rovira.Oficial?fref=ts



jueves, 17 de enero de 2013

Honremos a nuestros hijos.





No hay nada más sagrado que un niño pequeño.  Nada más puro, más hermoso y más frágil que un niño pequeño. Por lo tanto, no solo nos corresponde adorarlos, sino cuidarlos como un fino cristal, porque de lo contrario, se rompen para siempre.  ¿Qué hacemos frente a una joya única que nos han dado para custodiar? La envolvemos en un manto de terciopelo. Luego la adornamos con cintas de oro. Vigilamos que nadie se acerque.  Velamos que no sea manoseada. La acariciamos suavemente para que brille cada día más. La resguardamos de vientos y mareas. La protegemos de violencias humanas.  Y en el momento adecuado,  la volvemos a entregar al camino. El valor de la alhaja es incalculable y cualquier rasguño que sufra, será nuestra responsabilidad.  Solo deteniéndonos a observar la belleza infinita que emana de su luz, podemos vislumbrar  el tesoro que llevamos en nuestras manos.  Así son nuestros hijos, así de bellos, de luminosos y resplandecientes. Los niños merecen recibir desde el instante en que nacen, nuestro respeto genuino, complaciente y cotidiano. Cosa poco habitual. Quizás por eso sea ésta la más atroz contradicción de nuestra moderna sociedad: No honrar lo más bello y puro que tenemos, se convierte en una masacre colectiva. Por eso, hagamos unos minutos de silencio. Observemos a los niños. Ofrezcámosles nuestras mejores sonrisas, si no tenemos nada más para brindar. Acariciémoslos.  Respetémosles el sueño, la vigilia, el hambre, el juego, el ritmo, el contacto, la curiosidad y el derecho a la verdad. Rindámonos ante  ellos, tomando en serio cada pedido. Tratemos sus cuerpos con dulzura y dedicación. No los contaminemos con palabras furiosas. Recordemos que  en los niños vibra el alma de la excelencia.







Laura Gutman.




viernes, 11 de enero de 2013

La danza del vacío.



Lo importante es desvestirse y descubrir qué es lo innecesario, lo que nos sobra.



Como árbol en invierno descubrir qué somos sin las hojas, sin las ideas, conceptos, apegos y condicionantes que forman nuestra identidad.

Desnudándonos llegamos a la raíz, hasta el núcleo esencial de nuestro ser.

Cuando regreses al núcleo, a la raíz de tu ser y veas a través de todo lo que crees ser, tus identidades más sagradas podrán caerse.

Cuando descubrimos que podemos arreglárnoslas sin ellas, surge una belleza enorme.

El regalo más hermoso de este invierno es indescriptible mediante palabras, sólo podemos vivirlo.

El invierno te suplica que te dejes llevar y, después, no espera que hagas nada al respecto.

Date la oportunidad de regresar natural y espontáneamente a la raíz de tu existencia.

Regresa a lo indefinible.

Cuando llegas al núcleo que surge cuando te deshaces de todo lo demás, te rompes de forma natural.

Ese núcleo alberga un corazón espiritual.

No sólo descubres el vacío de la mente radiante, sino también el esplendor y la calidez del corazón espiritual.

Cuando descanses de verdad, sentirás la mente radiantemente vacía, no en forma de pensamiento, sino en forma de tu propio vacío radiante, de tu nada y de la nada de los demás.

También experimentarás la plenitud radiante del corazón y te darás cuenta de que el vacío no es un vacío soso, sino que está lleno de corazón.

Cuando se ilumine, verás que también contiene el corazón compasivo.

La calidez de tu corazón espiritual cobrará vida.




Adyashanti.




miércoles, 9 de enero de 2013

Una sonrisa.


Hay diferentes tipos de sonrisas.
Usted puede decidir sonreír con los ojos, con la boca o con el corazón.
…Pero luego está esa sonrisa que los contiene a todos.


Stephen Littleword.




lunes, 7 de enero de 2013

Un tonto o un guerrero.


La oración del tonto.

Oh, Dios...!

¡Qué triste es este sucio mundo en guerra
donde la gente me envenena y me odia!
No puedo perdonarles sus ofensas.
No puedo tolerarle sus discordias.
Me han quitado la fe. Ya en nada creo.
Sus mentiras han destruido mi Verdad.
Me han robado hasta la última esperanza.
Hndieron mi alegría en sus miserias.
Sus tinieblas han borrado ya mi luz.

Pobre de mí...

No hay quién se acerque a darme algún consuelo.
¿Dónde estará aquel que me comprenda?
¿En que lugar el ser soñado que me ame?

De nadie encuentro lo que necesito.
Para el mal que me han hecho no hay perdón.
Sólo en la muerte alcanzare el olvido.


Así dice el que acusa a todo y a todos de lo que ocurre en su propia vida, y lo llamo tonto- como lo llaman los sabios toltecas- porque no aprenden nada. Y no aprende porque no puede aprender, porque al proyectar afuera todo lo negativo que le pasa, como si fuera su sombra, luego la ve como ajena, como algo que no tuviera nada que ver con él.
Aún no tiene para nada en claro que está acusando en los demás aquello mismo que él tiene, y que no se anima a ver en sí mismo. Pero ver es la única manera de aceptar cómo uno es, y si no es de nuestro agrado, poder hacer lo necesario para cambiarlo.
Como guerrero que da la batalla de su propia vida, no para atacar a los demás y menos así mismo. Sino para luchar, para llevar adelante la empresa que es su propio Don. ¡ Y terminar conquistándolo!
Como dice la segunda Oración:

Oración del guerrero.

En la batalla de mi vida:

Lucharé para obtener mi paz.
Pelearé por conquistar mi amor.
Si herí injustamente, haré que me perdonen.
Si alguien que quiero se aleja: lo volveré  a acercar a mí.
Si he perdido la fe: la buscaré y la encontraré.
Trabajaré para ir conociendo la Verdad.
Me ganaré día a día la esperanza.
Y si quiero alegría, la pelearé sin tregua en la batalla.
No dejaré que nada, ni nadie, pueda oscurecer mi Luz.

Pido al poder:

Que me sostenga en mis caídas amargas.
Que me ayude a comprender la verdad en mi vida.
Que me ayude a encontrar a los seres que amo.

Porque no espero que me den, sino ganármelo.
Y si es necesario, aprenderé a pedir perdón.
Y si es justo, sabré morir por aquéllo que quiero.


Si lees con atención las dos Oraciones, te darás cuenta de que cada una de las frases, en cada poesía corresponde a la misma frase en la otra. Sólo que en la primera la está diciendo un Ser Acusador, que no llega a entender que lo que pasa tiene su origen en sí mismo, y por lo tanto no encuentra la manera de cambiar nada en su vida amarga.
En la segunda, en cambio, habla un ser que empieza a tomar las riendas de la vida en sus manos. Un guerrero, como dicen los maestros americanos. Un guerrero de su propia vida. Y el cambio no está mal, porque de la acusación se sale empezando a ver qué es lo que uno, concretamente, puede cambiar en su propia vida. Y allí se empieza a llevar muy agradables sorpresas. Porque, como dice el dicho..
¡¡ La vida es estupenda siempre que tengas las riendas!!




Amalia Estevez.





viernes, 4 de enero de 2013

Las puertas viejas...


Las puertas viejas tienen que cerrarse, de no ser así, 
¿cómo crecerás y ascenderás?.
Si sigues pasando siempre por la misma puerta, 
entonces no es posible la transformación...


Osho.


jueves, 3 de enero de 2013

Vuelta a casa.


Hay tres estadios en el desarrollo espiritual, dijo el Maestro. El estadio carnal, el espiritual y el divino.
¿Cual es el estadio carnal, preguntaron impacientes los discípulos?
Es cuando se ven los árboles como árboles y las montañas como montañas.
¿Y el espiritual?
Es cuando uno mira las cosas con mayor profundidad, y entonces los árboles ya no son árboles ni las montañas son montañas.
¿Y el divino?
¡Ah!, eso ya es la Iluminación, dijo el maestro, soltando una risita, es cuando los árboles vuelven a ser árboles y las montañas vuelven a ser montañas.



Anthony de Mello.



martes, 1 de enero de 2013

Trescientos sesenta y cinco días.


Olas de sueños cruzan el umbral de mi existencia me recuerdan la unicidad de la que soy parte, florece mi fervor, trepa mi plenitud hasta la ventana abierta de percepción que se mantiene disponible a la vida, ahora sé que este es mi camino, el sendero que me llevará al cumplimiento de la misión que me trajo a la tierra, ahora soy el protagonista en la película de mi vida, inmensa oportunidad que la agradeceré con trescientos sesenta y cinco días de felicidad por año. Me da la gana de ser feliz.


Luis Ernesto Espinoza. Chamalú.