domingo, 31 de julio de 2011

No puedes huir de ti.


Un ermitaño se había retirado a la soledad, huyendo del ruido del mundo, para desarrollarse como persona y encontrar la paz interior. No obstante al llevar ya un tiempo en aquella soledad, veía que progresaba poco y seguía sintiéndose descontento consigo mismo.

Pensó entonces buscar otro lugar.

Cuando ya estaba preparándose para irse, vio delante de sí a otro ermitaño, al que preguntó: ¿Quién eres tú?.

El otro respondió: Yo soy Tú. A cualquier lugar que vayas yo siempre voy contigo. Soy tu mejor compañero por que yo soy tú mismo.

Muchos echan la culpa de su malestar al sitio o entorno en que viven. Sería bueno que volvieran los ojos hacia mismos y examinaran y comprendieran que, dentro de ellos, hay un “ego”- su otro yo falso – que es quien más les molesta y se molesta por todo. Hay que desenmascararlo y ponerlo en su lugar. Pero eso requiere valentía y sinceridad.

Si no puedes entenderte y aceptarte, incluso con ese molesto compañero que es tu “ ego”, tu yo falso, nunca te sentirás bien. Si te vas de viaje, estarás esquivando tus errores por unos días. Luego seguirás enfrentado a tu misma realidad.

Cuesta enfrentarse consigo mismo, pero es el único camino eficaz.



Darío Lostado.

Imágen: Rosalie Street.



viernes, 29 de julio de 2011

Nuestro refugio interno.


En las carreteras de Birmania se pueden observar con regularidad, lejos del polvo del camino y bajo la sombra fresca de un grupo de árboles, pequeñas casas de madera llamadas “casas de reposo”, donde el viajero cansado puede descansar un poco, aliviar su sed y mitigar su hambre y su fatiga , gracias a la bebida y a los alimentos que los amables habitantes del lugar depositan allí como un deber religioso.

En la gran carretera de la vida existen también esos lugares de reposo, lejos del calor de la pasión y del polvo de la desilusión. Bajo la sombra refrescante de la modesta Sabiduría., se pueden ver humildes e inadvertidas “casas de reposo” donde podemos encontrar la paz, y pequeños, casi imperceptibles, caminos hacia la felicidad, donde los pies cansados y doloridos pueden hallar fuerza y curación.

En estos caminos tampoco se puede ignorar el sufrimiento. A lo largo del gran camino de la vida, la premura y la impaciencia por alcanzar algún objetivo ilusorio presionan a la multitud y la hacen despreciar las aparentemente insignificantes “casas de reposo” donde se encuentra el pensamiento verdadero. Esta multitud deja de prestar atención a los angostos y pequeños caminos llenos de bendiciones, pues considera que carecen de importancia. Y, a cada momento, los hombres se desmayan y tropiezan,y muchos de ellos fallecen de hambre del corazón, sed del corazón y fatiga del corazón.

Pero todo aquel que se pueda apartar de las pasiones de la vida y a quien se le brinde la oportunidad de entrar y percatarse de los caminos que se describen aquí podrá posar sus polvorientos pies sobre incomparables flores de la felicidad, su mirada se alegrará con emoción al contemplar la belleza del camino y su mente se refrescará con el dulce perfume de esas flores. Descansado y repuesto. Escapará de la fiebre y del delirio de la vida. Fortalecido y feliz, ya no tropezará ni se desmayará sobre el polvo, ni perecerá en el camino, sino que logrará llevar a cabo su viaje con gran éxito.



James Allen.





jueves, 28 de julio de 2011

Sígueme.

La sana función del olvido.


Es por bondad de la naturaleza que no recordamos nuestros nacimientos anteriores, dice Gandhi. La vida sería una carga si arrastráramos todos esos recuerdos. ¿Cuántas veces en nuestra vida actual quisiéramos borrar todo y tener la oportunidad de empezar nuevamente?

¿ Podríamos llevar una vida social normal si todos recordáramos nuestras faltas del pasado y conocieramos la de los otros? Y aquellos que fueron poderosos, ¿ no querrían reclamar sus riquezas materiales, sus tierras, o tal vez países enteros, amparados en sus títulos del pasado?. El recuerdo en nuestras anteriores personalidades traería graves inconvenientes, pues podría en algunos casos humillarnos profundamente, y en otros exaltar nuestro orgullo y esclavizar nuestro albedrío.

No en vano la figura del olvido está presente en todas las culturas, tanto en la hebrea como entre los griegos y los hindúes. En La República, Platón relata que las almas, antes de volver a la vida, se encaminan juntas a la llanura del Leteo. Allí corre el río Ameleto, cuyas aguas no pueden ser recogidas por vasija alguna. Es preciso que todas las almas beban de esta agua cierta cantidad, pero aquellas que por imprudencia beben más allá de la medida pierden absolutamente la memoria.

Pese al manto de olvido que cae sobre el sujeto al momento de nacer, aquellos recuerdos quedan en su estadío inconsciente o subconsciente de la memoria del individuo y, de una manera u otra, inciden en su vida actual.

Esta amnesia es indispensable para asumir la nueva personalidad. No solo se olvidan los hechos de la anterior encarnación, sino también la angustia y la nostalgia que provocan la pérdida de un mundo de luz y de amor como lo es el mundo de la esencia espiritual.

El olvido nos permite recomenzar de cero, en igualdad de condiciones, sin prejuicios. Al nacer todos iniciamos una nueva vida, una nueva experiencia una posibilidad de rectificación de nuestros caminos.

De igual manera, no recordamos lo que hemos aprendido y , sin embargo, ese conocimiento se mantiene intacto. El aprendizaje alcanzado en vidas previas se manifiesta a través de aptitudes o habilidades innatas para realizar determinadas actividades o emprender estudios especiales. La facilidad que tienen algunas personas para entender un idioma que escuchan por primera vez en señal que ya han estado en contacto con él en una existencia anterior. Los niños prodigio son el ejemplo clásico. Es como si ellos no hubieran bebido de la copa del olvido. Cicerón decía que la velocidad con que aprenden los niños es una prueba de que los hombres saben casi todo antes de nacer, Platón afirmaba que el conocimiento fácilmente adquirido es aquel que se ha obtenido en una vida anterior. Aprender es recordar.



José Luis Cabouli.

Imágen: Anji Johnston.



miércoles, 27 de julio de 2011

Nuestra misión.


Reina en nuestro interior el Yo eterno que anima la chispa divina personalizada, sin la cual no podríamos existir. El objeto de nuestra presencia en este mundo estriba en llevar a cabo la unión entre nuestro pequeño yo y nuestra alma, sacralizando de ese modo la existencia de la tierra.



R.Tagore.


Imágen: Manolya F.





martes, 26 de julio de 2011

Variedad, Unidad.


La unidad es la variedad,
y la variedad en la unidad es la ley suprema del universo.




Isaac Newton.


lunes, 25 de julio de 2011

Un método fácil.


¿Qué eres? le pregunté.

¿Qué voy a ser? me dijo. Es evidente lo que soy.

Dime, por favor, le dije, ¿qué eres sin referirte a tu nombre, a tu cuerpo, a tu familia, a tus cualidades…? El me miró, quedó pensativo y me dijo: Me estás quitando todo.

No te quito nada, le dije. Nada de eso que te he nombrado eres tú. Fíjate que cuando hablas dices: mi cuerpo, mis pensamientos, mis cualidades… Quiere decir que existe un poseedor y unas cosas poseídas. Tú eres el sujeto poseedor. Tu cuerpo es algo que Tú posees. Tus ideas, tus cualidades, tus sentimientos… son algo que tienes o puedes dejar de tener. Eso quiere decir que el poseedor es antes y aparte de todo lo poseído. El poseedor es un ser independiente de lo poseído. El poseedor no cambia. Cambian sus posesiones. Pero él es siempre el mismo. Mientras lo poseído está en constante cambio, el poseedor es el que ve y observa todo lo que va cambiando.

Tú eres la conciencia luminosa que Ve y observa. Para llegar a tener la intuición clara y evidente de que eres ESO, esa luz consciente y amorosa, has de desidentificarte de lo que no eres, es decir, de tu cuerpo, de tus pensamientos, de tus cualidades y cosas. Cuando quites lo que no eres, quedará lo que eres.

Es tan fuerte y profundo la creencia de que somos nuestro cuerpo con nuestras ideas, que resulta muy difícil convencernos de lo contrario. Pero esta convicción puede llegar a través de una observación sincera y profunda. Nunca quedándonos con las creencias superficiales que siempre hemos tenido.

Tu nombre es una palabra. Tus ideas son contenidos de la mente. Tu cuerpo está en constante cambio mientras tú permaneces el mismo.

Repítete constantemente la pregunta ¿quién soy? ¿quién es el que come, quién el que camina, el que ama, el que piensa, el que trabaja…? Esa pregunta debe estar siempre resonando en ti. Ese es el método simple, sencillo pero práctico. Pregúntate siempre ¿quién soy?

Un día aparecerá la luz, aparecerás tú que eres luz y desaparecerán las tinieblas de lo que no eres. Te darás cuenta de que eres el testigo de todo cuanto ocurre en ti, de todo lo que haces y percibes. El testigo permanente, inalterable, divino, eterno.



Darío Lostado.

Imágen: Les Forrester.



sábado, 23 de julio de 2011

Amapola.

Y una amapola me lo dijo ayer... que te voy a ver, que te voy a ver.

viernes, 22 de julio de 2011

Si no sufres por mi ...


¡Es que no me amas!


De manera equivocada, pensamos que irremediablemente el acto de amar lleva implícita una dosis de dolor crónico imposible de erradicar. Más aún: algunas personas mantienen la firme creencia que el sufrimiento está tan ligado al amor, que éste no podría existir sin aquel.

El pensamiento que sustenta tal actitud es como sigue: "Si no sufres por mí, no me quieres". Una chica le decía a su novio, un hombre tranquilo que no se desespera demasiado en esto del querer: "¿Cómo es posible que no me extrañes nunca y que jamás me hayas hecho una escena de celos? ¡Eso no es normal!".

Estamos tan acostumbrados a la enfermedad afectiva, que cuando vemos una posición interpersonal sensata y racional -como debería ser-, se nos antoja sospechosa de desamor. Hemos creado un paradigma sobre la irracionalidad del amor que nos acerca peligrosamente a la «locura apasionada» y a la disociación. Sin embargo, una cosa es la emoción natural que acompaña la atracción y el deseo, el toque encantador del arrobamiento, y otra muy distinta perder contacto con la realidad.

La pasión es importante, pero el dolor que desgarra el alma, definitivamente no. El amor triste, penoso, difícil de sobrellevar, es una alteración de la afectividad, una deformación del Eros y no su realización.

Lo que ocurre es que cuando nos entregamos al amor, lo hacemos desde un sinnúmero de esquemas negativos y altamente contaminados, plagados de temores e inseguridades: miedo a la soledad, al abandono, a la desprotección, al rechazo, a la traición, al desengaño. El amor es reflejo de lo que somos y de cómo nos pensamos a nosotros mismos.

Entonces, la premisa cultural es demoledora: "Si no sufres por mí, si no te retuerces sobre tu propio ser hasta reventar, si no te agotas en esto de estar conmigo, es que no me amas".

De acuerdo con esta concepción flagelante y claramente masoquista, el amor debe doler hasta las lágrimas (como un dolor de muelas) para que sea verdadero. La ausencia de angustia sólo configuraría un amor incompleto, débil e inconcluso, mal terminado, dudoso. En cambio, se piensa que los celos, el delirio de quien presiente la deserción del otro a toda hora o la incertidumbre de la traición, por poner algunos ejemplos, sí son indicadores confiables del amor auténtico. Para esta curiosa filosofía, querer a alguien es padecerlo más que gozarlo.

Pero también existe la contraparte de quien sabe hacer del amor una experiencia cómoda y divertida: "Si me padeces, es mejor que dejes de hacerlo porque no quiero una persona doliente a mi lado, sino a alguien que se alegre de estar aquí junto a mí y que me disfrute al natural, sin tantos requisitos".

El afecto no se sobrelleva como una enfermedad (por ejemplo, la de los adictos) ni se carga como un penitencia (la cruz de las abuelas). Sabemos que no todo es color de rosa y que en más de una ocasión desearíamos tirar la toalla con valentía, pero insisto: el cariño y el dolor pueden tomar rumbos distintos y estar más alejados que próximos.

Y no hablo de un amor anestesiado, idiotizado por el embelesamiento, sino de la capacidad de reconocer que puedo prescindir de esta dolencia inútil que me lleva a "sufrirte" en vez de amarte, como si fueras un tormento que se genera en mí, curiosamente, en el nombre del amor.



Walter Riso.








Imágen: Phillip & Lauren Kenney.



jueves, 21 de julio de 2011

Pájaro Blanco, Pájaro Negro.


Pájaro Blanco y Pájaro Negro habían estado en guerra desde edades sin memoria. Pájaro Blanco era resplandeciente, los dioses hablaban por él, era todo el bien, el pensamiento y la luz. Pájaro Negro era sombrío y denso, por él hablaban las potencias inferiores, y era toda la fuerza animal, los instintos y la potencia de la oscuridad. Pájaro Blanco despreciaba al Negro por su vuelo rasante, porque era carnicero, porque se apareaba con hembras, y porque buscaba andar en bandada, acompañado por otros oscuros como él. Pájaro Negro despreciaba al Blanco por su poco peso, por vivir en las nubes, porque no conocía hembras, porque su comida desabrida era el aire y porque no tenía compañeros y vivía solo.

Uno ganaba, ganaba el otro. Victoria final ninguno tenía. Pero cuanto más guerreaban, más se miraban. Un día la curiosidad empezó a acercar a los dos. Menos se interesaban ahora, uno por el mundo de las nubes, otro por el mundo de la tierra. Uno al otro se interesaban, les empujaba el saber.

Pájaro Negro quería saber por qué resplandecían las plumas del Blanco, por qué era tan liviano que subía como el viento, qué había en su corazón cuando sus ojos se iluminaban, qué buscaba allá arriba. Pájaro Blanco quería saber de dónde venía el pesado poder del Negro, qué placer sacaba de tener hembras, qué había en su corazón cuando estaba con su bandada, qué buscaba allá abajo. Por querer saber de Pájaro Blanco, Pájaro Negro subió. No mucho, un poco. Por querer saber de Pájaro Negro, Pájaro Blanco bajó. No mucho, un poco. Rivales eran, y querían sacarse los secretos. Ganar lo del otro y vencerlo. Por eso empezó Pájaro Negro a comer aire, un poco. Alguna luz se le abrió en la punta de las plumas, y su vuelo fue más liviano.

Por eso empezó Pájaro Blanco a comer insectos, no muchos, algunos. Pizca de poder denso oscureció la punta de sus alas, y el vuelo fue más pesado. Luego de pelear, ganando uno, ganando el otro, un día, cerca, se miraron. Ya no podían pelear más. De tanto perseguir al otro, admiración sentían por el rival. Se encontraban, a veces, y se enseñaban, a comer aire, a ordenar las potencias de abajo, a aprender de las potencias de arriba. Amigos fueron. Tan juntos iban y tanto tomaban uno del otro, que gris se hizo Pájaro Blanco, con puntas de alas resplandecientes, y gris se hizo Pájaro Negro, con puntas de alas renegridas como tronco quemado.

Hermanos fueron. Hermanos eran, no paridos por la misma madre. De admirarse y de seguirse. Extrañados los miraban los demás, y ellos juntos iban, siempre, no se separaban. cada vez más fuerza tenían; el sol y la noche se juntaban en ellos.

.-Como tú quiero ser – dijeron un día, juntos.

Hubo allí un estallido como un volcán, un remolino de luz como viento de huracán y la noche estrellada como una gran vasija. Juntos, comprendieron. Que eran un solo pájaro. Mitades partidas al principio de los tiempos, que ahora por fin, reunidas estaban.



Historia de los Aborígenes Mapuches.



miércoles, 20 de julio de 2011

Eres mi sol.

La verdadera amistad es como la fosforescencia,
resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido. R. Tagore.


Feliz Día a todos los amigos del blog !!!





martes, 19 de julio de 2011

Si la tristeza ha llegado...


Si la tristeza ha llegado, no la eches a un lado, lee en ella, tradúcela, destápala, y comienza a preguntarte cuál es su mensaje. Puedes estar elaborando inconscientemente una pérdida, necesitando ayuda o tratando de resolver un problema. Si la tristeza te embarga, déjala caminar a tu lado. Dile: “Hola amiga, veo que me vas a acompañar por unos días. Trataré de no pelear contigo para descifrar tu mensaje, pero no molestes demasiado”. Puedes verla como un resfriado o un virus inofensivo que crea defensas a tu organismo. Aprovecha la ocasión para descansar un poco y acercarte a la nostalgia. Rescata los buenos recuerdos, y si vas a llorar, hazlo sin resistencias. Deja que la naturaleza te acurruque e inicie el proceso de recuperación de energía. Si por el contrario, lo que llega a tu vida es la depresión, ¡pelea!, busca ayuda, corre a golpear las puertas del amor, escarba en tu auto-estima, revélate a la muerte, llama a gritos a la alegría, pero jamás te quedes quieto. Recuerda que la depresión nunca es normal. Guárdate el orgullo en el bolsillo y pide asistencia profesional. Ante la mínima sospecha, ¡atácala! La depresión es como las termitas, si uno se demora en exterminarlas, la casa se cae desde sus cimientos. Recuerda, la vida es un ser viviente y tú eres parte de ella. No malgastes el privilegio de estar vivo.



Walter Riso.




lunes, 18 de julio de 2011

Ángel guardián.


Soy el ave que golpea tu ventana por la mañana
soy tu compañero, al que no puedes conocer,
soy las flores que iluminan al ciego.

Soy la cresta de un glaciar que se asoma por los bosques deslumbrante
y las voces de latín de las torres de la catedral,
soy el pensamiento que de repente se te presenta al mediodía
y te llena de una felicidad singular.

Soy el que has amado hace mucho tiempo.
Te acompañé en tu camino de día,
te miro atentamente
y pongo mi boca en tu corazón,
pero tú no lo sabes.

Soy tu tercer brazo y soy tu segunda
sombra, la blanca,
para quien no es tu corazón
y jamás puede olvidarte.




Rolf Jacobsen.



domingo, 17 de julio de 2011

Pensamiento de gato.


Érase una vez un gatito.
Alguien lo llevó a ver un tigre, cuyo tamaño era cincuenta veces el suyo.
El gatito dijo:

- Quien impresiona tanto debe valer poco. Si adentro tuviese realmente algo, no necesitaría ser tan voluminoso.



Shah Idries.




sábado, 16 de julio de 2011

Equivocarse no es un error.


Si cada cosa ocurriera como a mí me hubiera gustado o como la hubiera planeado nunca experimentaría algo nuevo. Mi vida sería una repetición infinita de viejos resultados. Cuando cometo un error experimento algo inesperado. Algunas veces reacciono frente a mis errores como si me hubiera traicionado. Mi temor a equivocarme parece basarse en la suposición secreta de que soy potencialmente perfecto y que bastaría sólo un poco de cuidado para no caerme del cielo. Pero un "error" es un manifiesto de lo que soy, es un bache en el camino que intento, es una advertencia de que no estoy tomando en cuenta mi realidad. Cuando haya escuchado a todos mis errores. Habré crecido.




Hugh Prather.




viernes, 15 de julio de 2011

El despertar del alma.


Que pudiera existir alguna laguna o interrupción en la procesión de alegrías y dolores de la vida, era algo de lo que yo aún no tenía ni la más mínima idea. Yo no podía ver nada más allá de esta vida y había aceptado esta vida como si constituyese la única realidad.

Cuando de repente vino la muerte y en un solo instante desgarró totalmente aquella aparente realidad de la vida. Yo permanecí totalmente desconcertado y confuso. Todo lo que me rodeaba: los árboles el suelo, el agua, el sol, la luna y las estrellas seguían tan inamovibles y reales como siempre, mientras que la persona que antes también había estado presente y que, por medio de mil puntos de contacto con mi vida, con mi mente y con mi corazón, era mucho más real para mí que la misma naturaleza, había desaparecido en un momento, como un sueño.

¡Qué contradictorio me parecía todo esto, mientras miraba a mi alrededor! ¿Cómo podría llegar jamás a reconciliar aquello que quedaba con aquello que había desparecido?

La terrible tiniebla, aparecida ante mía través de aquella desgarradora experiencia, continuó fascinándome noche y día...Intentaba sumergirme en ella y comprender qué era lo que había quedado en el lugar de aquello que había desaparecido. El vacío es una cosa en la que el hombre no puede llegar a creer: aquello que no es, es falso; aquello que es falso, no existe. Y, de esta forma, todos nuestros esfuerzos por encontrar algo donde no vemos nada, son incesantes.

Al igual que una joven planta, sumergida en la oscuridad, se esfuerza por crecer para buscar la luz, así, cuando en un arrebato la muerte arroja la tiniebla de la negación alrededor del alma, ésta también se esfuerza por salir a la luz de la afirmación. Pues, ¿qué otro dolor es comparable al del estado en el que las propias tinieblas impiden encontrar el camino para poder salir de ellas?

Sin embargo, en medio de este intolerable dolor, destellos de alegría brotaron en mí y ello me dejó profundamente maravillado. El hecho de que la vida no era algo estable y permanente constituía un descubrimiento muy doloroso, pero que a la vez me propocionaba una gran sensación de alivio. El reconocer que nosotros no somos prisioneros para siempre dentro de las sólidas murallas de la vida ordinaria era un pensamiento que, inconscientemente, poco a poco se iba adueñando de mí, provocando auténticas oleadas de satisfacción. Yo me veía obligado a abandonar aquello que había poseído y este sentimiento de pérdida era el que me hacía infeliz.

Pero, cuando al mismo tiempo, lo consideraba bajo el punto de vista de la libertad adquirida, una gran paz embriagaba todo mi ser. A medida que iba cesando en mí la atracción por el mundo, la belleza de la naturaleza iba adquiriendo ante mis ojos un significado cada vez más profundo. La muerte me había proporcionado la perspectiva justa desde la que poder ver el mundo en la plenitud de su belleza y, cuando contemplaba el cuadro del Universo sobre el fondo de la muerte, lo encontraba realmente extasiante.

(R. Tagore.)


Tras haber pasado así unos instantes en las sublimes alturas donde resplandece la luz del espíritu, debemos regresar a la oscuridad del valle. Ahora estaremos mucho mejor preparados para poder llegar a comprender tanto el significado como la función del duro y tormentoso período que precede al despertar del alma. Ahora podremos darnos cuenta del hecho de que es el propio aproximarse al despertar lo que determina la crisis interior.

Considerando la intensidad y el alcance de estos sufrimientos, espontáneamente surge esta pregunta: ¿no podrían ser evitados, al menos en parte? ¿No se podría facilitar y abreviar el sendero hacia la luz? Sí, efectivamente, esto puede hacerse. Mientras algunas experiencias fundamentales son absolutamente necesarias y no pueden ser sustituidas por ninguna enseñanza o ayuda ajena, muchas penas, muchas rebeliones vanas y muchas desviaciones y tropiezos podrían evitarse por medio del conocimiento de los misteriosos senderos del alma y, sobre todo, por medio de la ayuda directa de un sabio guía que ya haya recorrido estos senderos y vivido estas experiencias. Ahora conviene dar aunque sea una breve respuesta a otra pregunta natural: ¿Qué le sucede al hombre después de que sus ojos se han abierto a la visión espiritual? Variadas, complejas y maravillosas son las aventuras que le siguen. Tras la solemne y decisiva experiencia mediante la cual el alma se despierta, ésta empieza realmente una nueva vida: se siente impulsada por una ardiente voluntad de hacer el bien, experimenta la necesidad de hallarse en perfecta armonía con la vida universal, así como de obedecer en todo a la divina voluntad. En un primer momento, mientras está todavía bajo la impresión y el estímulo de su comunión con el Espíritu, cree poder hacerlo con facilidad y directamente, con un simple acto de voluntad. Sin embargo, cuando se dispone a emprender la obra, sufre enseguida un amargo desengaño. La naturaleza humana inferior resurge con sus hábitos, sus tendencias y sus pasiones, y la persona comprende que debe de cumplir un largo, laborioso y complejo trabajo de purificación. Debe emprender una peregrinación a través de los bajos fondos de su naturaleza inferior para conocerla, dominarla y transformarla. Pero los frutos de esta obra larga y ardua son preciosos y admirables: nuevas y más intensas iluminaciones y mayores revelaciones recompensarán al alma purificada.



Roberto Assagioli.

Imágen: Mirog.




jueves, 14 de julio de 2011

Despedida.


El joven, deslizándose en el aire a gran altura junto a su amada, detuvo su mirada sobre aquellos fascinantes acantilados. Su corazón no quería partir. De tanto disfrutar esos etéricos paisajes, de tanto compartir la dicha milenaria de la mano de su compañera eterna, un pedazo de alma se le fue quedando repartido en cada flor, en cada gema, en cada playa, en cada brizna de hierba, en cada surcar el firmamento estrellado con su alma gemela en esos mágicos cielos. Descendieron sobre un verde valle de esmeraldas y musgos coralinos. Miró sus ojos, luminosos y profundos... Sintió una punzada en el pecho. Ya no los volvería a ver durante eones, durante medidas de tiempo infinitas. Deberían marcharse, cada uno por sendas opuestas, hasta que algún día, después de haber servido muchas vidas, en dimensiones diferentes y envolturas físicas distintas, el Padre-Madre AMOR les volviese a unir, luego de cumplidas sus misiones. Se abrazaron, proyectaron el máximo posible de luz interior en cada uno de sus corazones. Un estremecimiento hondo les revivió el anhelo de permanecer unidos por la eternidad, de convertirse en un solo ser, como tantas veces lo hicieran, pero el Dios Amor les habló desde muy adentro: "Las almas que se complementan, permanecen siempre unidas, mas allá de la ilusión y del olvido". Sabiendo que perderían aquella elevada conciencia, se miraron por última vez. "Recuerda lo que soy en mi interior, llévame contigo como una presencia viva", se dijeron ambos, pero sin hablar. En aquellas alturas no era necesario hacerlo. "No te dejes atrapar por la ilusión. En las cumbres de la consciencia permaneceremos siempre aquí; volando juntos sobre estos acantilados, sobre estos valles, playas y praderas". Los ojos de la joven quisieron ser asaltados por una lágrima inoportuna, pero la comprensión la transformó en un sentimiento de esperanza: Muy pronto volverían a estar unidos. Ingresarían en la dimensión de las distancias y los tiempos inconmensurables, soñarían la ilusión de envejecer y morir, olvidados de la realidad, pero luego despertarían, nuevamente contemplándose a los ojos, como si acabaran de regresar de un sueño sin tiempo. Sobre la pareja desciende lentamente una luz rosada, les envuelve. Después se divide en dos. Las esferas se retiran hacia opuestos lugares del firmamento, pero por mas que se alejen y separen entre galaxias y estrellas, un tenue hilo luminoso se va prolongando desde la una hacia la otra.

"Dos almas gemelas se separan con la promesa de reencontrarse tras los eones necesarios para su evolución. Aunque sus mentes humanas no sean capaz de recordar el pacto hecho al principio de los tiempos, un impulso secreto las guiará de nuevo hacia la Unión."




Enrique Barrios.

Imágen: Leni Kae.


miércoles, 13 de julio de 2011

El espejo.


Nuestra naturaleza es similar a la de un espejo que es capaz de reflejar cualquier imagen, infinitas imágenes, sin alterar ni en lo más mínimo su verdadera esencia. Las imágenes pueden reflejarse pero no dejan marca alguna en él. El espejo no es bello porque se refleje en él una flor, así como tampoco es feo si lo que se refleja es basura porque el espejo mismo no puede ser juzgado por las imágenes que muestra. Está totalmente vacío de imágenes y, sin embargo, es lo que es. Ahora imagina un espejo. Intenta verlo sin distraerte en las imágenes que puedan estar reflejándose. Trata de verte a ti mismo de la misma forma. Ve en ti mismo la capacidad que tienes de pensar, de sentir y de percibir, como si esto sólo fueran reflejos que imprime tu mente. Los pensamientos son sonidos que nos distraen y obstaculizan la posibilidad de profundizar y captar nuestra verdadera esencia. A través de la meditación, cuando calles tus pensamientos podrás percibirte plenamente y distinguirte en este movimiento mental y si alguien preguntara de quién son esos pensamientos, sin dudar responderías: “ Míos”. Si te preguntasen quién pensaba dirías: “Yo”. Ni los pensamientos que bombardean tu mente son exactamente tuyos ni el que piensa eres exactamente tú. Sin embargo, están en ti de la misma manera que las imágenes que se reflejan en el espejo no son el espejo pero están en él. Ese Yo que creemos ser, también es nada más que un pensamiento que no siquiera proviene de su propia fuente. Es la acumulación de identificaciones, recuerdos, pensamientos de otros y apreciaciones ajenas que asumimos como propias. Es un Yo aislado que nos hace vivir en la carencia. De algún modo buscamos lo que ya tenemos y deseamos ser lo que ya somos.



Alberto Lóizaga.