jueves, 30 de junio de 2011

Manos que saben tanto.


Ni siquiera es otra vez.... Es la misma, repetida tantas noches, tantas semanas, tantos años! Es la misma vez porque ella es la misma, en su cansancio sobrepuesto por fuerza de ternura, en sus manos oficiando el ejercicio del amor, hecho labor de agua y de jabón, de calor de cocina y de plancha.
Sus manos han descolgado ropa húmeda, la secaron al fuego de la chimenea, la doblaron con prolijidad, la distribuyeron en los placares, tendieron camas y ordenaron la vida, hicieron la comida tantas veces como marcó el hambre y el reloj; entraron leña, atizaron las llamas, hicieron bizcochos en el horno de la tarde, aplacaron discusiones, equilibraron con caricias, disolvieron tensiones en sonrisas.
Hoy, una y otra vez, sus manos hicieron el hogar. Y cerca de las manos, tan cerca que casi está en ellas, el corazón inspirando cada minuto, sostuvo a lo largo y a lo ancho del día la voluntad de amar.
Ella igual a sí misma, tan igual como este “cada vez” de tantos “cada día” y en su suma la duración de la vida, y en ella su milagro de transformación en todo lo que la rodea. Se siente como cada tablón de un escenario viejo, donde siempre se renuevan los artistas, son novedosas las situaciones y los textos. Porque en el mundo por sus manos sostenido, todo cambia.
Se abre a la aventura del Universo la conciencia de sus hijos. Los ve transformándose en sus inquietudes, en sus actitudes y en sus temas. Sobre los mismos tablones en que se mecieron sus cunas y pisaron los pasos primeros, hoy empiezan a vestirse los primeros sueños, los planes y las conmovedoras incertidumbres, hoy se libran los duelos que entre el cielo y la tierra lleva el hombre desde que nace a la conciencia el despertar de su espíritu, hasta la simple muerte de lo simplemente mortal.
Hoy se abren sus espacios y buscan sus caminos, hoy se buscan hacia adentro y se orientan hacia fuera, hoy sueñan con volar alto. Y sus maternas manos saben como duele prenderse de la roca en la escalada, saben como arde el sol del esfuerzo o como se llagan trabajando la tierra cuando el alma se desvela en la aspiración de la cosecha mientras siembran...
Sus manos saben tanto...! Un dolor tan humano como grande en su ternura, llora el llanto que ellos aún no lloran. Aún no saben como azota el desconcierto, la incertidumbre que crece cuando aumentan las noches a lo largo de la vida, cuando se desproporcionan las exigencias y la pelea es sólo por impedir el derrumbe de la esperanza. En este amor que penetra el tiempo y ama aún después de hoy, y llega a amar en solidaria compañía él “quién sabe qué” y “quién sabe dónde” de cada una de sus vidas, dar la solidez del refugio donde todo es comprendido y perdonado, donde vive la paciencia y la fuerza de la perseverancia, donde inmóvil y fiel - con tenacidad de faro y abrigo de muelle - siempre se abrirá el abrazo, sus manos saben qué perpetua es la ofrenda de la caricia que tan sólo espera ser recibida.
Es todo. Es el máximo del amor, que duele de amar tanto, y sus manos saben que son capaces de sostener el para siempre. Tal vez porque otra vez es de noche y otra vez se siente tan cansada, conoce el mérito de sobreponerse siempre, al creer que su vida vale porque en ofrenda muere.



Cristina Maeso.





miércoles, 29 de junio de 2011

Constancia.


Cuando nada parece que da resultado, voy a mirar el picapedrero que martilla la roca cien veces quizás sin que aparezca siquiera una grieta. Sin embargo, al centésimo primer golpe de martillo la roca se quiebra en dos partes, y yo sé que no ha sido ese último golpe lo que lo hizo, sino todos aquellos que habían sido dados anteriormente.




John H. Menear.


martes, 28 de junio de 2011

Semillas del alma...


En todos y cada uno de los momentos que pasa un ser humano sobre la Tierra se planta algo en su alma. Así como el viento arrastra cientos de semillas aladas, los momentos de la vida hacen germinar una vitalidad espiritual que arraiga imperceptiblemente en la mente y la voluntad de los hombres. Muchas de esas semillas innumerables mueren y se pierden, porque los hombres no están preparados para recibirlas, ya que esas semillas sólo pueden fructificar en los terrenos abonados por la libertad, la espontaneidad y el amor.





Thomas Merton.




lunes, 27 de junio de 2011

El Don.


Un rosal no está atento a los demás, cuando está formando su rosa más magnífica. No se preocupa del color que los otros rosales les darán a sus rosas. Está ensimismado, consultando la sabiduría de su propia savia, no comparándose con nadie, buscándose hondamente, haciendo fluir hacia la superficie la virtud de su flor única.

Y cuando la hace florecer el mundo se acerca hacia él con admiración, le muestra su gratitud de mil maneras, y lo toma como uno de los regalos más preciados que puede hacerles a los seres que quiere o admira.

Ese es el principio básico: cuando encuentra lo mejor de sí mismo, aquello único que ha venido a realizar en el mundo, el mundo le abre todas las puertas para su Don. Porque: el mundo estaba esperando que cada uno aporte lo mejor de sí mismo, porque con su Don enriquece a la humanidad entera.


Amalia Estévez.







sábado, 25 de junio de 2011

Sobre el miedo y la ansiedad.


No es que el heroe sea más valiente que nadie, sino que lo es por cinco minutos más. (Emerson)

El miedo es tu amigo. Él te cuida y te protege cuando estás en peligro. Utilízalo cuando realmente sea necesario hacerlo. No lo derroches en susceptibilidades y angustias inútiles. Temerle a un buen enemigo es una ventaja afortunada que no debes desperdiciar. El miedo forma parte de tu naturaleza, él está ahí porque el universo te quiere vivo. Cambia tu concepción del temor, aunque sea incómodo sentirlo. Él tiende a agotarse, y a la hora de la verdad, solamente se trata de adrenalina corriendo por las venas. Cada vez que sientas miedo, la biología más primaria te está aconsejando. Te está diciendo: “Algo estás percibiendo como amenazante, por eso me activaste. Dime, ¿qué te preocupa?” La mente inventó la ansiedad, como una forma evolucionada de temor. Ella te da la posibilidad de desarrollar una actitud previsora y prepararte para la defensa, pero no exageres su uso. Elimina de una vez el pensamiento negativo y agrégale un poco de optimismo para que el porvenir sea más refrescante. Si la ansiedad te molesta demasiado, debes calibrar tu contador de calamidades o entregarte a la sana resignación. Si el miedo es irracional, descífralo, enfréntalo y quítalo del camino. Si es racional, déjalo en paz, él se irá cuando deba hacerlo.



Walter Riso.






viernes, 24 de junio de 2011

Amor en el aire...




Cada grito de hermandad que lanzamos
se pierde en el aire
y vuela a los espacios sin límite.

Pero ese grito, llevado día tras día por los vientos,
llegará por último a uno de los extremos de la tierra
y resonará largamente,
hasta que un hombre, en alguna parte,
perdido en la inmensidad,
lo escuche y feliz, sonría...





Albert Camus.





Me dispongo a perdonar.


Me gusta la sensación de libertad que siento cuando me quito la pesada capa de críticas, miedo, culpa, resentimiento y vergüenza. Entonces puedo perdonarme a mi y perdonar a los demás. Éso nos deja libres a todos. Renuncio a darle vueltas y más vueltas a los viejos problemas. Me niego a seguir viviendo en el pasado. Me perdono por haber llevado esa carga durante tanto tiempo, por no haber sabido amarme a mí ni amar a los demás. Cada persona es responsable de su comportamiento, y lo que da, la vida se lo devuelve. Así pues, no necesito castigar a nadie, todos estamos sometidos a las leyes de nuestra propia conciencia, yo también. Continúo con mi trabajo de limpiar las partes negativas de mi mente y dar entrada al amor. Entonces me curo.



Louise L. Hay.




miércoles, 22 de junio de 2011

Victoria es el arte de continuar.


Erase de un gran violinista llamado Paganini. Tenía un talento especial para la música, aunque algunos lo consideraban un tanto extraño, mientras que para otros era sobrenatural. Desde su violín vibraban melodías que no parecían de este mundo. Mágicos sonidos viajaban por la sala cuando él tocaba un instrumento que parecía parte de sí mismo.

Una noche en que se llenó un teatro completo para verlo tocar, sale a escena la orquesta aplaudida fervorosamente por el público. El director estaba feliz y el público muy entusiasmado. Paganini coloca su violín sobre el hombro y comienza el deleite de la música. El silencio era absoluto y el espectáculo tenía brillo y armonía.

De pronto, un sonido extraño interrumpe la obra: una cuerda se rompió. El director paró. La orquesta paró. El público paró, pero Paganini, tomó aire y mirando atentamente la partitura, continuó.

Exaltados, todo continuó vibrando cada vez más. Nuevamente, otra de las cuerdas del maestro se rompió. Las caras del público mostraron preocupación, incluso en el director.

Todo se detuvo. Todos contuvieron el aliento.

Excepto el maestro, que mirando a todos con firmeza, siguió tocando. No podían creer lo que estaba ocurriendo y como si la magia acompañara sus manos, los sonidos eran cada vez más hermosos. Todos continuaron acompañando al gran maestro.

En eso, la sala exclama fuertemente cuando al maestro se le rompe la tercera cuerda. ¡¡¡Ohhhh!!!

Paralizados, todos se detuvieron. El director miró aterrado a Paganini y éste, encontrando fuerzas desde su interior, respiró profundo y siguió tocando. El público no podía creer lo que estaba pasando. Estaban eufóricos y exaltados al ver con que maestría y dignidad continuó tocando, como un contorsionista, con la última cuerda que le quedaba. El entusiasmo fue mayor y la energía llegaba al máximo.

Una noche de gloria para una obra que parecía destinada al fracaso. Nadie olvidará cada nota emitida por el maestro y mucho menos el espíritu que acompañó esa velada triunfal.

Esto nos enseña:

No todo está perdido. Ni aún sintiendo que ya no se puede más, siempre habrá una cuerda con la que tocar.

Con ella y con la fuerza de tu espíritu podrás ejercer tu talento, sobreponiéndote a todas las dificultades.

Y cuando otros hubieran abandonado, tu podrás continuar con la cuerda que queda, que es la más fuerte y te acompañará hasta el final.

Siempre podrás volver a intentar y recrear nuevamente tu vida, sabiendo que la cuerda que tienes es la más valiosa, es la fuerza de tu espíritu. Es Fe inquebrantable.

A partir de allí, generarás soluciones donde hay dificultades, siendo creativo y reinventando la vida. Utiliza tus talentos, sabiendo que es poco lo que necesitas para ello. Continúa. Persiste. Crea tu destino y sobretodo, pase lo que pase.....:

…Cree en ti.



Eugenio Prestisimone.